{"id":841,"date":"2012-07-31T21:46:47","date_gmt":"2012-07-31T19:46:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.joseph-wresinski.org\/es\/tienen-historia-los-pobres\/"},"modified":"2012-07-31T21:46:47","modified_gmt":"2012-07-31T19:46:47","slug":"tienen-historia-los-pobres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.joseph-wresinski.org\/es\/tienen-historia-los-pobres\/","title":{"rendered":"\u00bfTienen historia los pobres?"},"content":{"rendered":"<p>Jean Tonglet,  \u00ab&iquest;Tienen historia los pobres?\u00bb, en Academia Universal de las Culturas, &iquest;Por qu&eacute; recordar? (Foro Internacional de Paris [UNESCO\/La Sorbonne] de 1998), Barcelona, Granica, 2002, pp. 53-55.<\/p>\n<p>\u00abEl otro d&iacute;a volv&iacute; a pasar por all&iacute;, pero ni siquiera reconoc&iacute; el lugar donde estaban antes las chabolas, y tampoco el de la ciudad vieja. Y sin embargo, &iexcl;cuantas l&aacute;grimas han mojado aquel suelo, cuantos sufrimientos han debido soportar cientos de familias en esos lugares! &iexcl;Cuantos gritos han hendido el cielo! Exteriormente no hay nada que recuerde ese dolor; no se ha erigido ninguna columna, ning&uacute;n monumento, ni siquiera una placa conmemorativa; s&oacute;lo la carne de los hombres muestra las cicatrices.<\/p>\n<p>Y sin embargo, en esos lugares la humanidad ha sufrido como en ninguna otra parte. Hemos visto a ni&ntilde;os mendigando, cubiertos de oprobio.<\/p>\n<p>Hemos sido testigos de grandes humillaciones. Hemos visto la arbitrariedad ense&ntilde;orearse sin cortapisas. Hemos presenciado c&oacute;mo legiones de pobres se han envilecido hasta morir de verg&uuml;enza. &iquest;Qui&eacute;n se enterar&aacute; de esto? &iquest;Qui&eacute;n dar&aacute; testimonio de ello? &iquest;Qui&eacute;n ser&aacute; el portavoz de esta porci&oacute;n de humanidad, reducida a un hero&iacute;smo sin gloria, porque no tiene nada que defender ni puede alegrarse de nada que no sea una humilde sonrisa o el humilde amor familiar, ignorado, incomprendido, ridiculizado muchas veces? Si no hubi&eacute;ramos estado all&iacute; d&iacute;a a d&iacute;a, una de las p&aacute;ginas mas dolorosas de los pobres habr&iacute;a sido arrancada al libro de la historia de la humanidad.\u00bb<\/p>\n<p>Este texto, escrito en 1972 por el padre Joseph Wresinski, fundador del movimiento ATD Cuarto Mundo, durante una estancia en Israel, me parece que trasunta lo que sigue siendo una preocupaci&oacute;n permanente: dejar constancia del sufrimiento de los m&aacute;s pobres de todos los tiempos, de sus luchas, de sus esfuerzos titanicos por sustraerse a la fatalidad de la miseria. \u00abDejar constancia de lo ocurrido &mdash;como dice Paul Ricoeur&mdash; para saldar una deuda respecto a aquello que fue.\u00bb<\/p>\n<p>El movimiento ATD Cuarto Mundo se form&oacute; con la finalidad espec&iacute;fica de conservar la memoria y la historia de los m&aacute;s pobres, no por el mero af&aacute;n de una historia que nos encierre en el pasado, sino porque pensamos que para afirmar su identidad, para encontrar su lugar en la comunidad humana, para ser capaces de expresarse entre los dem&aacute;s hombres, el pueblo de los miserables necesita tener su propia historia. &iquest;Tienen historia los pobres? El solo hecho de formular esta pregunta &iquest;no es ya una se&ntilde;al que confirma su exclusi&oacute;n de la sociedad? Hace poco nos pregunt&aacute;bamos, asimismo, si las mujeres, los negros o los indios tienen una historia. En lo que a nosotros respecta, los cuarenta a&ntilde;os que el movimiento ha estado presente en los lugares de mayor miseria me han convencido de ello.<\/p>\n<p>Encontrar el lugar de los m&aacute;s pobres en la historia no es cosa f&aacute;cil. Los archivos hablan solamente de aquellos que han escrito, y los pobres han dejado pocos testimonios. Las investigaciones realizadas por algunos miembros del movimiento han resultado particularmente arduas. Cuatro a&ntilde;os de trabajo necesit&oacute; Marie-Claire Morel para encontrar en los archivos de su regi&oacute;n el testimonio de quienes han sido siempre la contrapartida ausente de la historia. Nadie ha escrito sobre lo que ellos piensan, lo que dicen, la manera como algunos han logrado escapar a su condici&oacute;n e integrarse en el mundo obrero.<\/p>\n<p>Fue preciso buscar las huellas de su historia en los archivos policiales, en las de los servicios sociales e instituciones de beneficencia, en los registros de las parroquias donde estaban inscritos, salvo en el caso de aquellos que ya conoc&iacute;an la vagancia. A trav&eacute;s de esta clase de documentos descubrimos el juicio que la dem&aacute;s gente siempre ha tenido sobre las m&aacute;s pobres, conforme al cual no son m&aacute;s que unos ociosos, holgazanes, gente peligrosa, violenta, \u00abmalos pobres\u00bb, padres indignos. Se cita en ellos a los pobres como testigos involuntarios, testigos \u00abde cargo\u00bb, en la mayor&iacute;a de las casos.<\/p>\n<p>La ausencia de los m&aacute;s pobres o su presencia solo en la cr&oacute;nica del crimen, genera una memoria negativa. La memoria colectiva no toma noticia de ellos sino, en el mejor de los casos, como seres necesitados, a los que es preciso ayudar, sin reconocer ninguna contribuci&oacute;n positiva a la humanidad, a la construcci&oacute;n de una sociedad. Nada se espera de ellos, porque a su respecto no se escucha m&aacute;s que estereotipos. \u00abLos ricos han dejado caer una cortina sobre la pobreza, y sobre esa cortina han pintado unos monstruos\u00bb, escribe hacia fines del siglo XIX William Booth, el fundador del Ej&eacute;rcito de Salvaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Para permitir a los m&aacute;s pobres una existencia distinta de aquella en que los sumerge la memoria colectiva, que los caricaturiza y reduce a sus carencias, e incluso a sus horrores, las voluntarios del movimiento ATD Cuarto Mundo se han convertido en sus cronistas, consignando d&iacute;a tras d&iacute;a lo que observan y descubren en los pobres en su vida cotidiana, recogiendo y provocando testimonios, el relato de sus vidas; cr&oacute;nicas que crean la ocasi&oacute;n que permite a los m&aacute;s pobres volver a tomar posesi&oacute;n de su historia. Me viene a la memoria el recuerdo de un hombre de unos cuarenta a&ntilde;os, que viv&iacute;a en una de las grandes urbes occidentales y se encontraba sin trabajo desde hac&iacute;a tiempo. Todo el mundo se refer&iacute;a a &eacute;l como un bueno para nada, que nunca hab&iacute;a trabajado, e incluso &eacute;l se ve&iacute;a a s&iacute; mismo de ese modo, repitiendo la opini&oacute;n de las dem&aacute;s.<\/p>\n<p>Pues bien, una Universidad popular, a instancias del movimiento ATD Cuarto Mundo, se propuso reconstituir su historia laboral. Gracias a dicha investigaci&oacute;n, nuestro amigo descubri&oacute; que hab&iacute;a comenzado a trabajar a los trece a&ntilde;os corno minero, y que despu&eacute;s hab&iacute;a realizado los trabajos m&aacute;s pesados e ingratos para un sinn&uacute;mero de empleadores, de manera que si ahora, a los cuarenta a&ntilde;os, ya no trabajaba y viv&iacute;a de una pensi&oacute;n de invalidez, era porque ten&iacute;a tras s&iacute; una larga historia de duro trabajo. Se hab&iacute;a desgastado prematuramente, pero era, sobre todo, un trabajador.<\/p>\n<p>Numerosas historias como &eacute;sta, individuales y familiares no constituyen a&uacute;n la historia colectiva de lo que el padre Joseph llam&oacute; el &laquo;pueblo del cuarto mundo&raquo;. Pero el material acumulado y las investigaciones llevadas a cabo en los archivos, nos han permitido llamar la atenci&oacute;n sobre esta realidad colectiva. Es posible reconstituir toda una comunidad a trav&eacute;s de los testimonios individuales de hombres y mujeres que han vivido en los mismos lugares, han pertenecido a las mismas instituciones y pasado por las mismas experiencias, pero esa reconstituci&oacute;n tambi&eacute;n es posible a trav&eacute;s de la actitud que el resto de la sociedad ha mantenido frente a ellos desde hace siglos, como lo demuestra la aprobaci&oacute;n de ordenanzas contra la mendicidad en numerosas villas y comunas de Francia, o la \u00abexpulsi&oacute;n de los in&uacute;tiles\u00bb del principado de Lieja, en 1492.<\/p>\n<p>Nuestra intuici&oacute;n se ha visto confirmada por los trabajos de muchos historiadores que se orientaron en el mismo sentido, como los del recientemente desaparecido Michel Mollat, de Bronislav Geremek, Philippe Joutard y Arlette Farge, por citar s&oacute;lo algunos.<\/p>\n<p>En 1968, durante tales investigaciones, dimos por casualidad con un texto que hab&iacute;a de ser decisivo para nuestro movimiento: se trataba de los \u00abCuadernos de quejas del Cuarto Estado, la sagrada orden de los infortunados, de los pobres y los jornaleros\u00bb. Un ingeniero del Ayuntamiento de Par&iacute;s, Dufourny de Villiers, que por sus actividades profesionales hab&iacute;a descubierto la brutalidad de las condiciones de vida de los m&aacute;s pobres, abogaba para que &eacute;stos tuvieran representaci&oacute;n en los Estados Generales, junto a los otros tres estamentos tradicionales. Cuarto Estado en Francia, \u00abVierde Stand\u00bb en los Pa&iacute;ses Bajos austriacos, \u00abCuarto Stato\u00bb en Italia, los m&aacute;s pobres emerg&iacute;an de la historia, aunque muy pronto su voz se apag&oacute; nuevamente.<\/p>\n<p>Nuestras sociedades guardan silencio respecto a la vida, los sufrimientos, los actos de resistencia de los m&aacute;s pobres. Estos desaparecen de la escena sin dejar rastro. En otro de sus trabajos, publicado poco antes de su muerte, el padre Joseph Wresinski escribi&oacute;:<\/p>\n<p>\u00abLos m&aacute;s pobres nos lo dicen a menudo: no es s&oacute;lo tener hambre o no saber leer, ni siquiera el no tener trabajo, que es la peor desgracia que le puede ocurrir al hombre; lo m&aacute;s terrible de todo es saber que uno no cuenta para nada, hasta el punto de que se ignora incluso nuestro sufrimiento. Lo peor es el desprecio de nuestros conciudadanos. Porque es ese desprecio el que nos deja al margen de todo derecho, lo que hace que la gente nos rechace, lo que nos impide ser reconocidos como dignos y capaces de responsabilidades. La mayor desgracia de la extrema pobreza es la de ser una especie de muertos vivientes durante toda nuestra existencia.\u00bb<\/p>\n<p>C&oacute;mo no pensar en lo que escrib&iacute;a Hannah Arendt al evocar la \u00abdesgraciada coyuntura en que est&aacute;n insertos los pobres, quienes a&uacute;n habiendo asegurado su subsistencia, llevan una vida carente de inter&eacute;s y sin derecho a participar en la vida p&uacute;blica, que es donde puede salir a la luz el m&eacute;rito; condenados a permanecer en la sombra dondequiera que vayan\u00bb. Y m&aacute;s adelante, despu&eacute;s de reafirmar &laquo;la convicci&oacute;n de que la verdadera lacra de la pobreza, m&aacute;s que la miseria misma, es esa oscuridad&raquo;, habla incluso de &laquo;aquellos con sus vidas desgarradas, a los que la Historia agrega el insulto del olvido&raquo;.<\/p>\n<p>Precisamente con la finalidad de reparar ese insulto, el padre Joseph cre&oacute; en 1987, en la Explanada de los Derechos Humanos de la Plaza del Trocadero, el primer monumento conmemorativo de las v&iacute;ctimas del hambre, la violencia y la ignorancia, que consiste en la L&aacute;pida conmemorativa de las v&iacute;ctimas de la miseria, alrededor de la cual nos reunimos el 17 de octubre de cada a&ntilde;o, con ocasi&oacute;n de lo que se ha convertido en el D&iacute;a mundial del rechazo a la miseria.<\/p>\n<p>Dicha l&aacute;pida es el punto de partida de una nueva historia, que reconoce a los m&aacute;s pobres como los primeros defensores de los derechos humanos. Porque los pobres tienen una historia, pertenecen a una historia y hacen historia en la medida en que los reconozcamos como actores en la construcci&oacute;n de nuestro futuro com&uacute;n.<\/p>\n<h3>documents<\/h3>\n<p><figure class=\"alignnone wp-caption\"> <a href=\"\/wp-content\/uploads\/sites\/13\/2016\/09\/Tienen_historia_los_pobres.doc\" target=\"_blank\" type=\"application\/msword\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"\/wp-content\/uploads\/sites\/13\/2016\/09\/doc-50de0.png\" width=\"52\" height=\"52\" alt=\"\" style=\"height:52px;width:52px;\"><\/a><figcaption class=\"wp-caption-text\">\u00bfTienen historia los pobres?<\/figcaption><\/figure>\n<\/p>\n<p><figure class=\"alignnone wp-caption\"> <a href=\"\/wp-content\/uploads\/sites\/13\/2016\/09\/Tienen_historia_los_pobres.pdf\" target=\"_blank\" type=\"application\/pdf\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"\/wp-content\/uploads\/sites\/13\/2016\/09\/pdf-d7486.png\" width=\"52\" height=\"52\" alt=\"\" style=\"height:52px;width:52px;\"><\/a><figcaption class=\"wp-caption-text\">\u00bfTienen historia los pobres?<\/figcaption><\/figure><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jean Tonglet, \u00ab&iquest;Tienen historia los pobres?\u00bb, en Academia Universal de las Culturas, &iquest;Por qu&eacute; recordar? 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