Queridos amigos:
Ustedes miran a las familias de las barriadas, intentan comprenderlas, leer sus reacciones ante vuestros gestos fraternales, descifrar sus pensamientos sobre la vida, sobre su modo de vida. Y con frecuencia, quedan perplejos.
Por nuestra parte, hemos tratado de ayudarlos con esta comprensión. A nivel internacional hemos organizado tres coloquios que han reunido expertos de diez nacionalidades distintas. Nuestro pequeño boletín hace un esfuerzo por ir a lo profundo del alma, del espíritu y del corazón —más allá de los datos o las anécdotas—. Hemos instalado stands en ferias con el fin de dar visibilidad a las familias que viven en las barriadas.
Muchos no comprenden esta labor nuestra de informar, de dar a conocer, de explicar. Algunos piensan que tendríamos que estar satisfechos con ayudar, auxiliar y dar aliento a las familias que habitan en las barriadas. Y tienen razón al advertirnos: “Tengan cuidado de no reducir la pobreza a un estéril asunto intelectual”. Les agradecemos, porque nos ayudan a no distanciarnos del contacto humano, de la presencia, la escucha, la comunión y la participación cuidadosa.
Pero, ¿cómo estar presente si el modo de vida en las barriadas se nos escapa? ¿Cómo escuchar sin comprender el sentido de las palabras? ¿Cómo ayudar sin saber cuáles son las necesidades? ¿Acaso no corremos el riesgo de terminar por aceptar y perpetuar, inconscientemente, este destino inhumano?
Las dos posturas son complementarias, no se condenan ni se invalidan mutuamente: amar para conocer y conocer para amar es la base de todo encuentro fraternal.
