Estar atentos a las ideas fundamentales que atraviesa la humanidad

Actas de Pierrelaye septiembre-octubre 1984

Estar atentos a las ideas fundamentales que atraviesa la humanidad

Actas de Pierrelaye septiembre-octubre 1984

El año pasado, me extrañó que en el Movimiento, se hablara tan poco del paro, como si esto fuese algo evidente, un hecho establecido, y que no hubiese ninguna reflexión a hacer sobre ésta humillación que ahoga las familias.

Hoy, encuentro la misma actitud respecto a la vivienda. Sin embargo, en muchos países europeos, los alojamientos se degradan debido a las dificultades financieras y damos la impresión de vivir como si no nos concerniera, como si no tuviéramos ninguna reflexión sobre el desarraigo de las familias. Es lo mismo con respecto a la inflación, no nos faltan elementos sobre las dificultades que viven las familias (cortes de gas, de electricidad,…) sobre la vida de los niños que tienen frío, que tienen hambre.

¿Qué pensamiento global se desprende de todo ello? ¿Dónde se inserta? Nuestra limitación es la falta de relación constante con la sociedad, su organización, sus estructuras, con los hombres y las mujeres que están en estas estructuras. No estamos suficientemente atentos, ya no a los modos sino a las ideas fundamentales que atraviesan la humanidad.

En estas condiciones, ¿cómo vincular los acontecimientos, la vida cotidiana de las familias con lo que ocurre en la sociedad?, ¿no nos encerramos en un ghetto intelectual, sin una verdadera reflexión, amplia, sobre lo que viven las familias? ¿Qué sabemos de su manera de manifestar una determinada humanidad, espiritualidad, convivialidad, en una sociedad que tiene otras preocupaciones?

A veces hacemos de los sectores en los que estamos, ya no lugares de intercambios de ideas, sino lugares de análisis de problemas locales inmediatos. ¿Cómo, a partir de ahí, podemos reflexionar sobre el significado del ser humano, de la familia, que nos revele su sufrimiento?

Para qué sirve nuestra presencia en el corazón mismo de las familias ¿Para qué les sirve a las familias nuestra presencia, si esta no ayuda a tener una mirada nueva sobre la democracia, la paz, el dinero, el trabajo, el mercado laboral, la evolución económica en general? El trabajo, por ejemplo, tiene un significado concreto para el ser humano. Trabajar no es “hacer” sino “ser alguien que actúa, que inventa”. ¿Nos apoyamos en esto para crear nuestros talleres?, ¿Cómo inventamos con la gente?, ¿No necesitamos a menudo medios de ricos, sin imaginación, para comenzar algunas cosas?

El Movimiento debe alimentarse del pensamiento de la gente. Las familias tienen tan poco tiempo para reflexionar ¡que por lo menos no se pierdan los fragmentos de su reflexión! Démosles todas sus dimensiones.

Debido a nuestra falta de ideas, de imaginación, a menudo nos pillan desprevenidos para lanzar una campaña o elegir un slogan. Un slogan no se elige por obstinación, es un estremecimiento de lo vivido y de la meditación sobre ello, y relata esta comunión con el sufrimiento de un pueblo. ¿No somos personas que asumimos mucha actividad para un movimiento que no es un movimiento de acción? El activista es el hombre de la eficacia inmediata. Nosotros somos del termino medio, del largo plazo, pero también nos concierne el corto plazo: el paro, la inflación, la falta de alojamiento…, porque las familias lo viven hoy. Si no somos capaces de aportar una reflexión sobre esta situación, obramos según nuestros impulsos, nuestros caprichos, según nuestras ideas de ricos.

El silencio, la meditación, la comunión, deben alimentar nuestra presencia junto a las familias. Sin reflexión, no podemos conocer, sin silencio, no podemos amar.

¿Sabemos retirarnos en el silencio de nosotros mismos y el silencio de los otros para encontrarnos con ellos profundamente? No hay paz sin silencio, no hay paz sin “retiro”. Somos un movimiento al que le falta silencio. Cuando se es pobre de silencio, se es pobre de humanidad. El verdadero encuentro de la humanidad se hace en la paz de su corazón, en lo más profundo de uno mismo. Esta actitud necesita una gran disciplina personal, entonces se está comprometido en la construcción de uno mismo como persona.

Ser persona no es preservar sobre la vida personal, su satisfacción. Ser persona es vencerse, saber rechazar, saber hablar cuando no apetece, saber encontrar al otro, no escuchándole, sino buscándole, tratando de descubrirle yendo siempre más allá de nuestras preocupaciones inmediatas, cumpliendo siempre las pequeñas cosas hasta el final.

La libertad interior es la condición indispensable para tener un “pensamiento”, para poder crear, inventar.

A menudo somos esclavos de las familias. He visto voluntarios que no pueden decir una sola palabra sin hablar de las familias, éstas, han llegado a ser su coartada. En el fondo, ponen las familias delante de ellos como para protegerse y no para escucharlas, seguirlas. Si no somos capaces de liberarnos de las familias, no seremos libres de nosotros mismos, libres de los otros voluntarios, libres del Movimiento, seremos esclavos. Y un esclavo puede soñar con la libertad, pero no puede ser liberador.

¿Tomamos momentos para leer libros profundos?, ¿Reservamos en equipo, un lugar que permita el silencio, la meditación, la lectura, la escritura?. La biblioteca de Méry quería ser ese sitio. Cada lector debería tener un santuario de silencio y de paz. Es en la meditación donde sabremos guardar nuestra libertad de juicio, el control y el dominio de nuestras ideas.

Conocer el mundo

Conocer el mundo, es reconocer en él todos los hombres que sirven en él con rectitud, honestidad, sinceridad, de otro modo no se conoce del mundo más que una proyección de sí mismo, de su grupo social. Todo hombre, sea quien sea debe ser mirado con simpatía, conocido con mucha humildad. Debemos intentar conocer a cada hombre, cada pueblo en libertad, es decir, sin que nos estorbe nuestra formación, nuestras ideas, nuestros prejuicios, siempre dispuestos a examinarnos sin dejarnos enredar.

No llegaremos a tener ideas, iniciativas si, juntos no asumimos la responsabilidad de estudiar. En el Movimiento no hay personas que serían como “los servidores del conocimiento” sino que todos tenemos la responsabilidad de conocer y de construir un conocimiento. Es responsabilidad de cada assisien (voluntario permanente con más de 4 años de compromiso) organizar los lugares de vida que permitan a cada uno estudiar, reflexionar. Hemos hablado del ordenador que debe tener un lugar privilegiado. Aquí en Méry también podemos escribir monografías, investigaciones, leer y compartir el fruto de nuestras lecturas con otros. No podemos pretender ser un Movimiento de futuro si somos un Movimiento de lo inmediato. Las familias esperan que cambien no sólo sus condiciones inmediatas, sino que recreemos con ellas todo el medio social, económico, cultural, espiritual del futuro.

No olvidemos que sólo tenemos futuro si nos mantenemos libres y que la libertad interior nace en el silencio.

Padre Joseph

(Traducción Maria Luisa Gordón en 2006; revisado en mayo 2008 por Álvaro Iniesta)

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