Javier Pérez de Cuellar, Joseph Wresinski: en nombre de la persona humana

La comunidad internacional rinde homenaje al quinto secretario general de las Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuellar, fallecido el 4 de marzo de 2020. Queremos aprovechar este mometo para recordar los vínculos entre este estadista, incansable constructor de la paz, y Joseph Wresinski, fundador del Movimiento ATD Cuarto Mundo. Entre estos dos hombres se estableció una profunda amistad y respeto mutuo; venían de horizontes diferentes, pero compartían los mismos ideales: el de la paz y la unidad de la raza humana, el del respeto de los Derechos Humanos, el de el rechazo de la fatalidad de la miseria.

El 27 de junio de 1984, Joseph Wresinski fue recibido en Nueva York, en la sede de las Naciones Unidas, por su secretario general, para entregarle las 232500 firmas del Llamamiento a los defensores de los Derechos Humanos lanzado en Bruselas el 15 de mayo de 1982.

  •  Los dos hombres se encontraron inmediatamente en torno a las primeras palabras de la Carta de las Naciones Unidas. Javier Pérez de Cuéllar no dejaba de insistir en que estas palabras son: «Nosotros, los pueblos de las Naciones Unidas». Nosotros los pueblos, y no nosotros los Estados…

Portavoz del pueblo de los pobres, del pueblo del Cuarto Mundo, Joseph Wresinski se reconoció en la ambición de Pérez de Cuellar de lograr aquello en lo que creía: unas Naciones Unidas que fueran las Naciones Unidas de sus pueblos, y más particularmente de los más pobres. En este terreno los dos hombres encontraron una complementariedad tan fuerte que hizo decir a Pérez de Cuellar que Joseph Wresinski era «sus ojos y oídos» en el mundo de la miseria.

  • «Donde quiera que vayan, tienen mi apoyo, porque su Movimiento representa a las familias más desamparadas que luchan en todas partes por el respeto de la dignidad humana».

Tras este primer encuentro, Javier Pérez de Cuellar abrió las puertas del Centro de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ginebra1 al Movimiento ATD Cuarto Mundo, para un largo camino que condujo al reconocimiento de la extrema pobreza como una violación de los derechos humanos, y que culminó en 2012 con la adopción de los «Principios Rectores de la Extrema Pobreza y los Derechos Humanos».

El segundo encuentro entre ambos hombres, el 13 de abril de 1987, se centró en las dificultades tanto de las instituciones de las Naciones Unidas como de los Estados para llegar a los más pobres, o como dicen ahora los Objetivos de Desarrollo Sostenible, para no dejar a nadie atrás.
En la primera reunión de defensores de los derechos humanos, el 17 de octubre de 1987 en París, el secretario general de las Naciones Unidas dirigió este mensaje:

«En los últimos diez años, las acciones llevadas a cabo por las Naciones Unidas para asegurar la promoción y el respeto de los Derechos Humanos han experimentado un notable desarrollo. Al mismo tiempo, hemos tomado cada vez más conciencia de la realidad de la interdependencia e indivisibilidad de los Derechos Humanos. Hoy sabemos que hay que buscar el progreso en todos los frentes y que no podemos anteponer un aspecto de la dignidad fundamental de la persona a otro.

Con el tiempo, hemos empezado a apreciar mejor la difícil situación de los más pobres de entre nosotros, tanto en las sociedades desarrolladas como en las que están en desarrollo. La pobreza endémica y su espiral despiadada priva a los más pobres no sólo de los medios de subsistencia más esenciales, como el alimento, la vivienda y el cuidado, sino también de bienes intelectuales, culturales y espirituales, como la educación, que son igualmente indispensables para la realización humana. Además, la indigencia puede hacer ilusorios los derechos al respeto de la integridad física, a la protección igualitaria de la ley y a la participación en la toma de decisiones de la comunidad, que se establecen en los derechos civiles y políticos».

El 17 de abril de 1989, mientras estaba en Francia, el Secretario General de la ONU visitó la tumba de Joseph Wresisnki en Méry-sur-Oise. Luego en París, en la losa que conmemora a las víctimas de la pobreza  dijo estas palabras:

  • «Allí donde hay personas condenadas a vivir en la miseria los Derechos Humanos son violados. Unirse para hacerlos respetar es un deber sagrado»2.

«Como Secretario General de las Naciones Unidas y sobre todo como ser humano, he leído con profunda emoción estas palabras de Joseph Wresinski. Esta inscripción inspira permanentemente nuestros esfuerzos por superar la pobreza. Soy representante de las Naciones Unidas, la organización de la paz. Pero no creo que la paz sea sólo la ausencia de guerra. La paz es mucho más que eso. No podemos hablar de paz mientras haya miseria en el mundo. Por eso quiero cooperar con todos los amigos del Padre Wresinski, a quienes tuve el gran honor y el placer de encontrar personalmente dos veces en Nueva York.

Creo que debemos ayudar al mundo entero a acercarse a la miseria, tan dolorosa, que sufren millones de seres humanos.  Vengo de un país donde hay mucha miseria. Así que tengo una especial sensibilidad hacia las personas que necesitan el apoyo de la comunidad internacional en su conjunto. Vivimos en un mundo donde la interdependencia es la palabra clave. Dependemos unos de otros. Desde este enfoque, estamos siendo testigos de una ceremonia que es a la vez muy simple y muy profunda, que reúne a hombres y mujeres de todos los medios.

Yo, por mi parte, no tengo ningún poder material o incluso político. Las Naciones Unidas dependen de los gobiernos de los Estados Miembros. Pero tengo fuerza moral. Esta fuerza la pongo al servicio de esta causa de la que Joseph Wresinski fue durante mucho tiempo el portavoz y que, tras su muerte, sigue siendo el portavoz».

Al final de su mandato, el 31 de diciembre de 1991, Javier Pérez de Cuéllar continuó los vínculos creados con ATD Cuarto Mundo. Aceptó presidir el Comité Internacional del 17 de octubre y siguió siendo miembro honorario hasta su muerte. Este comité se creó para conseguir que el 17 de octubre sea proclamado por las Naciones Unidas como «Día Mundial de la Superación de la Pobreza Extrema». El 17 de octubre de 1992, Javier Pérez de Cuéllar hizo un llamamiento a tal efecto:

«Hace tres años, en esta plaza, dije que no podemos hablar de paz mientras haya miseria en el mundo. Por lo tanto, estoy convencido de que este día es indispensable. Necesitamos un encuentro anual con los más pobres que, en torno al Padre Wresisnki, manifiesten su rechazo a la miseria, un rechazo que queremos compartir. Necesitamos una reunión anual para guardar silencio juntos ante la desgracia que engendra la miseria y para renovar nuestro compromiso de construir un mundo de paz.

Wresisnki dijo: «Un gran amor nunca se guarda para sí mismo». Hoy somos testigos de esto. Las familias en situación de miseria y sus amigos, que desde hace cinco años celebran el 17 de octubre, ofrecen a los pueblos de las Naciones Unidas este Día, nacido entre las víctimas de la miseria. Juntos podemos dar una señal de esperanza a todos aquellos que en el mundo están sometidos al desprecio, al miedo y a la miseria. En respuesta a esta expectativa, como Presidente Honorario del Comité de Reconocimiento de este Día, quisiera lanzar hoy, 17 de octubre de 1992, desde esta misma plaza, un Llamamiento a las Naciones Unidas y a su Asamblea General para que proclamen el 17 de octubre como el Día Mundial para la Superación de la Extrema Pobreza».

Estuvo de nuevo al lado de ATD Cuarto Mundo en sus funciones de Presidente de la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo, en el marco del Decenio Mundial para el Desarrollo Cultural. También en este caso, compartía la convicción de Joseph Wresinski de que la cultura es una herramienta indispensable en la lucha contra la pobreza y la exclusión.

Al recibir en su país a delegaciones de Bolivia y Perú, expresó su interés por la forma en que el Movimiento ATD Cuarto Mundo buscaba encontrar su lugar en los países andinos. Volviendo a su candidatura a la presidencia del Perú, confió a Eugen Brand y Marco Ugarte: «Durante mis diez años como Secretario General de las Naciones Unidas, mi vida ha sido una búsqueda apremiante, emocionante y difícil de unirme a otros defensores de los derechos humanos, como dice el mensaje que el Padre Wresinski grabó en la losa. Es esta búsqueda la que me une a su Movimiento».

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